Qué es el aerosol marino y por qué ataca a la persiana
El aerosol marino son microgotas de agua de mar que la rompiente y el viento levantan y mantienen en suspensión. El agua se evapora, pero los cloruros no: quedan depositados en forma de cristales sobre cualquier superficie expuesta, y el viento del suroeste, que es el dominante en la ría, los lleva bastante más adentro de lo que la gente supone. No hace falta ver el mar desde la ventana para tener sal en las guías.
La clave del problema es que la sal es higroscópica: captura el vapor de agua del aire y lo retiene. Con la humedad relativa alta que tenemos casi todo el año, un depósito de cloruros sobre un herraje deja de ser polvo seco y se convierte en una película húmeda y conductora pegada al metal. Ese es el escenario ideal para la corrosión: no hay ciclos de secado que la frenen, y el ataque continúa por la noche, con la persiana bajada y sin que nadie vea nada.
En la práctica, eso explica el síntoma que más nos contáis por escrito. Una persiana que «va cada vez más dura» en Alcabre, Navia o Bouzas rara vez tiene una avería: tiene el fondo de la guía ocupado por una pasta de sal, polvo y grasa vieja, y unos soportes que empiezan a picarse. Si se atiende ahí, es mantenimiento. Si se deja correr un par de inviernos, acaba siendo una reparación con desmontaje de paño.





