Cambiar la cinta de la persiana paso a paso: el proceso real
La cinta rota es el aviso más frecuente que atendemos, y también el que más a menudo se intenta resolver en casa. A veces sale bien. Otras veces la cinta nueva dura unos meses porque nadie miró por qué se rompió la anterior. Esta guía cuenta el proceso completo tal y como se hace, con los criterios que separan una sustitución que aguanta años de un apaño.

Lo esencial
- La cinta casi nunca se rompe por casualidad: se rompe por abrasión contra una polea desalineada, un rodamiento agarrotado o un fondo de guía con sal.
- Los anchos habituales en vivienda son 14, 18 y 22 mm; el ancho lo impone la polea, ni más ancha ni más estrecha, y el recogedor tiene que admitir esa misma medida.
- El paño debe quedar completamente abajo y descargado antes de abrir el cajón. Con el paño arriba, el eje está cargado y puede caer.
- La longitud se calcula con la altura del hueco más el recorrido de recogida y un margen para el nudo o la grapa del recogedor; quedarse corto obliga a repetir el trabajo.
- Si el eje está corroído, los soportes ceden o el paño se ha descolgado por un lado, deja de ser un trabajo doméstico.
Antes de cambiar la cinta: por qué se rompió

Una cinta de poliéster en buen estado y bien guiada aguanta muchísimos ciclos. Cuando se parte antes de tiempo hay una causa mecánica detrás, y si no se corrige, la cinta nueva recorre exactamente el mismo camino hacia el mismo fallo. Por eso el primer paso de una sustitución seria no es comprar cinta, sino mirar el interior del cajón con luz.
Las causas se repiten. La más común es la polea desalineada o con el canal desgastado: la cinta roza contra un borde en cada maniobra y se deshilacha desde un lateral. La segunda es el rodamiento del eje agarrotado, que obliga a tirar con más fuerza y multiplica la tensión sobre el tejido. La tercera, muy propia de la ría, es la abrasión por sal: los cristales que arrastra la guía y el propio cajón actúan como una lija fina y desgastan la cinta desde dentro del tejido, no por la superficie.
Hay una pista útil para saber cuál de las tres ha sido. Si la rotura es limpia y transversal, suele ser fatiga por tensión. Si la cinta llega deshilachada por un borde, hay roce lateral y toca revisar la alineación. Y si el tejido está rígido, con tacto áspero y aspecto blanquecino, hay sal, y entonces el trabajo no termina en la cinta: hay que desalar guías y engrasar, como cubre el mantenimiento antisalitre.
Elegir la cinta: ancho, tipo y calidad
El ancho no se elige, se comprueba: lo impone la polea. La cinta tiene que llenar su canal sin montar y sin holgura, ni más ancha ni más estrecha, y el recogedor tiene que admitir esa misma medida. En vivienda los tres formatos habituales son 14, 18 y 22 mm. El de 14 mm es propio de persianas pequeñas y de recogedores compactos; el de 18 mm es el más extendido en vivienda; y el de 22 mm corresponde a paños grandes y pesados, donde una cinta estrecha trabajaría al límite. Poner una cinta más estrecha de la que pide la polea provoca que se monte sobre sí misma y se desgaste en semanas.
Con el ancho resuelto queda la calidad, que es donde se nota la diferencia a los dos inviernos. Una cinta de poliéster reforzado tiene mayor densidad de tejido y menor alargamiento bajo carga, y eso importa porque una cinta que se estira cambia la posición de parada de la persiana y descuadra el recogedor. En ambiente marino, además, el tejido apretado ofrece menos huecos donde alojar cristales de sal.
| Ancho | Uso habitual | A qué prestar atención |
|---|---|---|
| 14 mm | Huecos pequeños, ventanas de baño o cocina, recogedores compactos | Comprobar que la polea no pide un ancho mayor; se monta sola si sobra canal |
| 18 mm | El formato más extendido en vivienda, huecos de salón y dormitorio | Es el ancho por defecto, pero conviene verificarlo antes de comprar |
| 22 mm | Paños grandes y pesados, aluminio inyectado en huecos anchos | Exige recogedor y polea acordes; no cabe en un recogedor de 18 mm |
Cambiar la cinta de la persiana, paso a paso

El orden importa, y saltarse el primer punto es la causa habitual de los sustos. Estos son los pasos tal y como se ejecutan, con la persiana montada y sin desmontar la ventana.
- Bajar el paño del todo y comprobar que apoya en el alféizar. Con el paño arriba el eje está cargado y abrir el cajón es peligroso.
- Retirar la tapa de registro del cajón, por el interior de la vivienda, y limpiar el polvo y la sal acumulados antes de tocar nada.
- Inmovilizar el eje con un pasador o una pinza para que no gire libre cuando se libere la cinta vieja.
- Soltar la cinta vieja de la grapa del eje, sacarla por la polea y medirla entera antes de tirarla: es la referencia de longitud más fiable que hay.
- Revisar polea, rodamientos, soportes y grapas con el cajón abierto. Este es el momento y no habrá otro sin volver a abrir.
- Desmontar el recogedor de la pared y sustituirlo si ha perdido fuerza o si el bloqueo patina. Va antes que la cinta nueva: con el recogedor fuera, la cinta entra sin pelearse con el resorte.
- Introducir la cinta nueva por la polea, fijarla a la grapa del eje con el paño abajo y enrollar el número de vueltas correcto sobre el eje.
- Tensar la cinta y fijarla en el recogedor con la persiana totalmente abajo, y volver a montar el recogedor en la pared.
- Probar el recorrido completo dos o tres veces, comprobar que la lama inferior queda horizontal y que la cinta entra recta en el recogedor.
Medir la longitud de la cinta: el error que obliga a repetirlo todo
Quedarse corto de cinta es el fallo más frustrante, porque se descubre al final, cuando ya está todo montado. La longitud necesaria no es la altura de la ventana: es la altura del hueco, más el recorrido que la cinta hace desde la polea hasta el recogedor, más las vueltas que se enrollan sobre el eje, más un margen para la fijación. En la práctica, la referencia más segura es la cinta vieja medida de extremo a extremo antes de tirarla.
Cuando la cinta vieja no está completa, porque se partió y una parte quedó dentro del cajón, se mide el hueco y se añade el desarrollo estimado con margen generoso. Sobra cinta se corta; falta cinta se repite el trabajo entero. Y conviene no apurar el margen del recogedor: si la cinta entra justa, cada estiramiento del tejido con el uso deja la persiana sin recorrido para cerrar del todo.
El otro dato que se olvida es el número de vueltas sobre el eje. Si se enrolla de menos, la persiana no llega arriba; si se enrolla de más, el recogedor se llena antes de que el paño esté abajo y la cinta empieza a montar sobre sí misma dentro de la caja. Por eso la referencia se toma con el paño completamente bajado y no a ojo.
Por qué hay que mirar la polea y los rodamientos aunque no fallen

El cajón se abre pocas veces en la vida de una persiana. Cada vez que se abre hay que aprovechar: revisar lleva unos minutos con todo a la vista, y volver a abrir más adelante obliga a desmontar otra vez. La revisión mínima son cinco puntos: canal de la polea, giro de los rodamientos, estado de los soportes, grapas del paño y estado del recogedor.
El canal de la polea se comprueba pasando el dedo: si hay un labio marcado, una rebaba o el plástico ha quedado con filo, esa polea va a comerse la cinta nueva igual que se comió la anterior. Los rodamientos se comprueban haciendo girar el eje a mano con el paño abajo: debe girar suave y sin ruido. Un chirrido o un giro a tirones significa sal dentro y engrase perdido, y se resuelve limpiando y engrasando o sustituyendo la pieza, no ignorándolo.
Los soportes se miran por detrás, que es donde se oxidan, y las grapas del paño se comprueban tirando suavemente: una grapa cedida es lo que provoca que la persiana acabe descolgándose por un lado meses después. El quinto punto es el recogedor, que se juzga por el resorte y por el bloqueo, y que suele llegar gastado a la vez que la cinta. En primera línea, en viviendas de Bouzas, Alcabre o el frente de Moaña, esta revisión suele descubrir tornillería que ya no se puede extraer sin taladrar, y es mejor saberlo con el cajón abierto que en la siguiente avería.
Cuándo cambiar la cinta deja de ser un trabajo doméstico
Cambiar una cinta en una ventana pequeña, con el cajón accesible y el mecanismo sano, es una tarea razonable para alguien con maña y con la persiana bien apoyada abajo. Hay, sin embargo, situaciones en las que el trabajo cambia de categoría y conviene reconocerlas antes de empezar, no a mitad.
La primera es el paño pesado: aluminio inyectado en hueco ancho supone un peso considerable, y sujetarlo mientras se manipula el eje no es cuestión de fuerza sino de tener el paño asegurado. La segunda es la persiana descolgada por un lado, porque ahí el problema no es la cinta sino una grapa o el propio eje, y enhebrar cinta nueva no arregla nada. La tercera es el cajón que no abre: en muchas viviendas antiguas de Vigo el registro está sellado con pintura o directamente no existe, y forzarlo rompe el tapajuntas.
- Paño de aluminio en hueco ancho: el peso obliga a asegurar el paño antes de tocar el eje.
- Persiana descolgada o torcida: el fallo está en la grapa o en el eje, no en la cinta.
- Cajón sin tapa de registro accesible o sellado con pintura y silicona en viviendas antiguas.
- Eje con óxido visible o soportes que ceden: hay que sustituir, y eso implica desmontar el paño.
- Persianas de comunidad o de local, donde la altura y el tamaño cambian por completo la maniobra.
- Cualquier trabajo que exija asomarse al exterior: no compensa nunca, en ninguna planta.
| Elemento | Cómo se comprueba | Decisión |
|---|---|---|
| Polea | Pasar el dedo por el canal buscando labio o rebaba | Sustituir si tiene filo, o la cinta nueva durará meses |
| Rodamientos | Girar el eje a mano con el paño abajo | Limpiar y engrasar; sustituir si va a tirones |
| Soportes | Mirar la cara trasera y comprobar holgura | Sustituir por inoxidable si hay óxido en zona marina |
| Grapas del paño | Tirar suavemente de la primera lama | Sustituir todas si una ha cedido; han vivido lo mismo |
| Recogedor | Comprobar si retiene la cinta y si el resorte tiene fuerza | Cambiar junto con la cinta; llega gastado a la vez |